AUNQUE LE GRITARON, NO SE DETUVO Y EL TREN SE LOS LLEVÓ.

CELAYA, GTO., 23 abril 2019.- El grito de “ahí viene el tren” y el acelerón para pasar antes que la mole de hierro por las vías del cruce del Eje Juan Pablo II se escuchó casi al unísono del golpe en la parte trasera del camión de la línea Coordinados, luego unos segundos de silencio alargadísimos por el temor a morir, el ruido regresó en forma de gritos de dolor y desesperación.
El chofer del autobús de pasajeros intentó escapar, reacción natural al saberse culpable de lo que pudo ser una tragedia de dimensiones mayúsculas pero alguien lo detuvo y Emanuel, de 38 años y domicilio en Tezotepec Aldama, Estado de Hidalgo, tuvo que aguantar improperios y miradas de todo tipo hasta que lo subió un agente de vialidad a una patrulla para llevarlo a un separo de barandilla.
Por el golpe en la parte trasera, el vehículo giró y quedó fuera del camino, de paso, se llevó un poste de anuncio vial pero en su interior solo hubo personas golpeadas, ninguna de consideración.
En su parte de novedades, la Fiscalía Regional C dijo que solo cuatro personas merecieron atención médica, miembros de una familia, declararon ante el Ministerio Público Común que a las 17:18 horas salieron de la Central Camionera con destino a la Ciudad de México.
María Guadalupe N., madre de familia, comentó que, en trayecto, pasaron por el Eje Juan Pablo y recordó que le dijeron al chofer “ahí viene el tren” pero, lejos de frenar, pisó el acelerador y el resto estuvo a punto de ser historia de una tragedia.
Ella resultó con dislocación del hombro izquierdo pero se encuentra estable, su hija Carla Ereldy, de nueve años, tiene una lesión cortante en el lado izquierdo de la frente pero nada de consideración, Leonardo, el menor de seis años, presenta dolor de estómago y su esposo, Luis Enrique, de 38 años, resultó ileso.
En el lugar, dijeron que eran 10 heridos pero se aclaró que fueron golpes muy ligeros y el accidente que movilizó a todas las ambulancias y varias patrullas de policía y Protección Civil, quedó solo en la anécdota de un chofer que se olvidó de la prudencia con tal de no perder un rato que pudo convertirse en minuto de silencio.