MUERE MUJER A MANOS DE SU PAREJA, ÉSTE INTENTO SUICIDARSE CORTÁNDOSE EL CUELLO.

CELAYA, GTO., 5 febrero 2019.- Sus parientes y los policías la encontraron sentada, semidesnuda, recargada contra el colchón de la cama. Manchada de sangre. Embarazada. Muerta.
La mano derecha de María Guadalupe aferraba una Cruz. Sobre la cama quedó una imagen impresa de un Santo, como si el asesino hubiese rezado después de matarla a cuchilladas en un intento de expiar sus culpas, su pecado. “No matarás”, indica el Mandamiento. 
A él, Francisco, “El Caballo”, lo encontraron con el cuello sangrante porque intentó suicidarse al darse cuenta de lo que había hecho. Dicen quienes lo conocieron que era adicto a las drogas y que siempre la golpeó y maltrató. Así terminó una relación tóxica, como le dicen ahora.
La de María Guadalupe fue una historia como hay muchas más, de esas que analizan los psicólogos en aras de encontrar motivos. Primero se “juntó” con el padre de sus dos hijos pero el hombre la golpeaba y optó por dejarlo para encontrar un mejor destino.
Cuando conoció a Francisco, creyó que todo iba a ser diferente. Primero todo fue cariño, luego cambió y empezó una vida de unión y desunión, de ir y venir a sus brazos cegada por el amor o la necesidad de sentirse querida.
Cuenta la gente que los conoció que así era esa relación. Maltratos y golpes dentro de las paredes de la casa marcada con el 113 de la calle Luis Donaldo Colosio, en la comunidad de San José de la Presa, a veces más, a veces menos, pero algo los seguía atando en esa relación de pareja, ni siquiera vivían juntos, aclaró una familiar de la mujer. Eran como novios.
El domingo por la tarde fue la última vez que vieron con vida a María Guadalupe. La buscaron ese día y noche. Igual el lunes. Iban y tocaban a la puerta de la casa sin encontrar respuesta, hasta que algún familiar ingresó y descubrió la escena.
Al hombre lo sacaron sus parientes y lo llevaron al hospital general para que le atendieran porque presentaba heridas cortantes en el cuello. Dicen que quiso quitarse la vida por mano propia al no saber qué hacer cuando se dio cuenta cabal de lo que hizo.
Un cuchillo y una navaja, bien acomodadas sobre un lienzo verde, quedaron como mudos testigos del brutal crimen, luego de ser empleados para encajarse en brazos y pecho de la mujer.
María Guadalupe yacía sin vida. Sentada, en su cuerpo la sangre reseca denotaba que no eran recientes los piquetes en su piel, unos seis a simple vista, como dicen los agentes de investigación criminal y los peritos.
Era obvio que estaba embarazada y así lo confirmó su madre a los policías. Sería el tercer hijo a sus 30 años. Para que su alma encontrara la luz pronto, alguien puso una veladora en el marco de la puerta de acceso a la vivienda, centro de las miradas de propios y extraños. 
Iban a dar las 10:30 de la mañana del martes cuando empezó a correr el rumor del asesinato de María Guadalupe a manos de Francisco, “El Caballo”. Después, aquello se llenó de policías ministeriales que investigarán lo poco que hay que investigar en este homicidio, simil de una muerte anunciada.