NEGARSE A ENTREGAR LAS LLAVES DE SU CAMIONETA LE COSTÓ LA VIDA AFUERA DE UN OXXO.

CELAYA, GTO., 13 enero 2019.- Los gritos y el llanto de la mujer no dejaron lugar a dudas a reporteros, curiosos y policías: era su esposo el hombre asesinado por asaltantes que pretendieron quitarle la camioneta Hyundai en el estacionamiento del Oxxo. 
Varios de quienes presenciaron la escena tragaron saliva y agacharon la mirada. Uno musitó, quedito, “no se vale, qué les costaba darle unos cachazos, nada más”.
Ya había pasado hora y media de la tragedia. Los peritos efectuaban su labor. Soldados, policías preventivos y ministeriales se limitaban a observar y los reporteros tomaban fotos y video del cuerpo tirado bocarriba, con los brazos abiertos, muerto. 
A unos metros, la bolsa de plástico donde llevaba el six de cerveza Tecate, quedó tirada junto al vehículo negro, con placas de Tabasco.
Julio N., jamás imaginó que serían sus últimos minutos en este mundo pero, ¿quién podría suponerlo? Minutos antes, había optado por ir a esa tienda de conveniencia, a un lado del puente de la colonia Las Arboledas, porque la que está en la avenida San Nicolás de Parra es peligrosa, ya que continuamente asaltan a los clientes.
Eran poco antes de las nueve de la noche del sábado. En el Oxxo había tres clientes más. Uno dejó su camioneta Patriot al lado oriente del estacionamiento, otro, acomodó su Sentra en un cajón del medio y, Julio N., aparcó su camioneta Hyundai al lado poniente.
Quiso la mala suerte, o el destino, que a esa hora rondaran la zona residencial tres asaltantes en busca de víctimas a quienes despojar de sus vehículos. 
El chofer del Sentra ya estaba arriba del coche. El de la Patriot seguía dentro del establecimiento comercial. Julio N., salió con las cervezas en la bolsa de plástico. Los delincuentes fueron hacia él cuando vieron que quitó los seguros de la unidad con el control de la alarma.
Dos subieron a la Hyundai. El tercero se dirigió a la víctima y le ordenó entregar las llaves pero algo en la cabeza de Julio le impidió hacerlo, por el contrario, arrojó las cervezas al piso, cerca de su camioneta y caminó hacia atrás con el ladrón apuntándole de frente.
Por alguna circunstancia, flexionó el cuerpo y el malviviente accionó la pistola en su contra: un disparo en la frente, otro en el cuello y uno más en el tórax, acabaron con su vida en segundos, cayó de espaldas. Al verlo, el par de asaltantes que estaba en la camioneta descendió a toda prisa para huir corriendo por las calles contiguas.
El conductor del Sentra sintió un balazo en el hombro y, cuando se fue el asaltante, bajó corriendo al Oxxo para pedir auxilio.
El reporte del asalto y los disparos llegó al sistema 911, pasó a las unidades en servicio y, por casualidad, varias patrullas en operativo circulaban en el área. Menos de 30 segundos bastaron para que estuvieran ahí pero un par de policías que descendió para tratar de ayudar a Julio N., fueron recibidos a balazos y ambos salieron heridos pero sus vidas no corren peligro.
Después, todo fue un pandemónium. Ruido de sirenas, gritos de los policías en persecución de los maleantes, luces rojas y azules, socorristas prestando auxilio a los baleados, empleados de la tienda asustados viendo para todos lados y para ninguno. Tirado en el piso, Julio N. expiraba.
Un rato después, esposado, semiescondido en la caja de una patrulla, Daniel N., de 22 años, avecindado en la zona centro de Celaya, intentaba pasar desapercibido para que no le vieran la cara los reporteros. Era el primer detenido. 
Luego de casi una hora llegó otra patrulla con un hombre acostado en la caja: Antonio N., de 29 años, domiciliado en el municipio de Villagrán. El segundo detenido. 
Del tercer asaltante nada se supo pero, seguramente, los agentes de investigación criminal ya saben quién es.
Al otro lado de la escena del crimen, un hombre, nervioso, preguntaba la marca de la camioneta y repetía que su cuñado había salido a comprar cervezas. Una mujer, llorosa, quería conocer la verdad y, al saberla, matizó la noche de dolor y llanto. Su esposo, asesinado por asaltantes, era quien estaba tirado en el estacionamiento de la tienda que consideró más segura.